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Podrán robar al mismo banco dos veces

 

Podrán robar al mismo banco dos veces Yendo contra la ética, el sentido común y la fidelidad a sus juramentos de defender los intereses de la patria por sobre cualquier otro, una mayoría de senadores acaba de aprobar un proyecto de ley referente al Banco Nacional de Fomento, una cirugía legal que extirpa el obstáculo que tenían las autoridades de esa entidad para negociar y facilitar quitas y jubileos a sus deudores. Entre estos, se encuentran los empresarios del transporte público que en conjunto recibieron nada menos que 22 millones de dólares durante el gobierno de Wasmosy, deuda que nunca se preocuparon de amortizar. Ahora los senadores disponen abrir nuevamente la puerta del BNF a los que ya lo saquearon. Los diputados, que próximamente tratarán este proyecto de ley, deben rechazarlo de plano, o se convertirán en cómplices de un nuevo despojo salvaje al erario, es decir, al pueblo.

 

Yendo contra la ética, el sentido común y la fidelidad a sus juramentos de defender los intereses de la patria por sobre cualquier otro, una mayoría de senadores acaba de aprobar el proyecto de ley que arregla el inciso “X” del artículo 22 del Decreto Ley de creación del Banco Nacional de Fomento (BNF), aprobado posteriormente por Ley N° 751/61, operación de cirugía legal que extirpa el obstáculo que tenían las autoridades de ese banco para negociar y facilitar quitas y jubileos con sus deudores.

Hacia 1998, bajo el gobierno de Juan Carlos Wasmosy, algunas empresas de transporte público de pasajeros recibieron del BNF, en conjunto, nada menos que 22 millones de dólares de crédito destinados, según la propaganda de la concesión, a renovar las flotas de ómnibus.

 

Algunas de las beneficiarias adquirieron unidades nuevas con ese dinero y las pusieron a trabajar, pero sus empresarios no se preocuparon de amortizar sus deudas con el banco con las ganancias producidas, sino que tranquilamente se las embolsaron. En los demás casos, nadie sabe adónde fue a parar el dinero, porque los servicios no mejoraron un ápice, como cualquier ciudadano de a pie sabe muy bien, ya que sufre aquella mentira en carne propia, hasta hoy.

 

Cuando los directivos del BNF reaccionaron y pretendieron cobrar las deudas a los transportistas, muchas de esas empresas estaban vaciadas –ya eran insolventes cuando se les concedió el crédito– y los ómnibus, inutilizados por exceso de uso. Los depósitos del BNF se llenaron de chatarra. Claro, ¿para qué invertirían los empresarios en cuidarlos y mantenerlos en buen estado, si desde luego no pensaban pagar por ellos?

 

Pero se da la situación de que entre los deudores del BNF no solo figuran los empresarios del transporte. Véanse someramente las cifras que están en juego. El total de créditos impagos o actualmente incobrables del BNF alcanza alrededor de 338 millones de dólares, por parte de 11.812 morosos, entre ellos, empresarios de otros sectores y productores diversos. De todo eso, los créditos comerciales son la carga más pesada.

 

Según el senador Alfredo Jaeggli, que asumió el papel de promotor del proyecto de ley que levanta las restricciones legales para que las autoridades del BNF renegocien con grandes quitas y perdonen estas deudas, con esta medida el banco estatal podría recuperar aproximadamente cien millones de dólares mediante un perdón de hasta el 100% del interés punitorio y hasta el 50% del interés moratorio. Además, siempre según la propaganda del proyecto, los deudores morosos tendrán 180 días de plazo para saldar sus cuentas, y en caso negativo tendrán que declararse en quiebra.

 

Lo que no se dice es que el blanqueo general que se está preparando para los deudores morosos del BNF, que beneficiará muy particularmente a los transportistas, es que tan pronto se “arreglen” legalmente tales fatos con las refinanciaciones y nuevos contratos, esos morosos quedarán limpios de polvo y paja para pedir nuevos créditos a entidades financieras que ahora se los niegan por su insolvencia o mala conducta.

 

Los sinvergüenzas tendrán la cara lavada y buscarán nuevas víctimas. En este punto cabe preguntarse: ¿Y por qué no comenzar de nuevo con el BNF? Ha de ser emocionante para todo ladrón robar el mismo banco dos veces; todo un reto para su astucia y habilidad.

 

Siguiendo la argumentación del senador Jaeggli y sus recientes declaraciones, el propio presidente del BNF –el banco estafado por los transportistas sinvergüenzas– está dispuesto a perder los 84 millones de dólares que estos le deben e, incluso –he aquí lo sorprendente– ¡volver a otorgar créditos al mismo gremio! “El BNF va a poder financiar de manera segura la nueva estructura del transporte”, afirmó con gran aplomo el legislador. “No porque una vez se equivocaron en el BNF, ahora se van a equivocar nuevamente. Los sistemas de seguridad se pueden perfeccionar”, concluyó.

 

De modo que la mesa está servida para los transportistas morosos y para los que aspiren –tal vez los que están detrás del metrobús– a sacar la misma tajada que sus antecesores en el formidable negocio de recibir dinero de los contribuyentes y no devolverlo.

 

Como bien se sabe, el mejor sistema de seguridad financiera, sin duda, es conceder préstamos a quien esté en condiciones de pagarlos y cuente con garantías o garantes a través de los que, si no los puede devolver por algún motivo, le puedan ser cobrados. No hay nada perfectible en este criterio elemental de las finanzas. Los sistemas bancarios para conceder créditos se inventaron hace mucho tiempo, y los conoce cualquiera que se dedique al oficio financiero.

 

De ahí que resulta fácil inferir que los transportistas que estafaron al BNF lo hicieron porque tenían “amigos” en esa entidad. Los banqueros no se “equivocaron”: fueron cómplices. El crédito que recibieron esos empresarios fue un favor político o de compadrazgo. Los beneficiados con los créditos del BNF no pagaron no porque el negocio del transporte haya fracasado –siempre fue muy lucrativo–, sino porque estaba previsto por ambas partes, ellos y los banqueros que cobraron su coima o comisión, que nunca los pagarían.

 

Esto es lo que todos debemos recordar cuando nos hablan de perdonar a los transportistas morosos.


Pero hay alguien que hasta ahora, sin darse cuenta, continúa reembolsando al Estado los créditos no cobrados por el BNF a sus deudores, y es el contribuyente, el trabajador productivo, el pagador puntual de impuestos y tasas, que a menudo es el mismo sufrido usuario de las cochambrosas unidades de transporte de pasajeros adquiridas con sus tributos.

En conclusión, los senadores están disponiendo abrir nuevamente la puerta del BNF a los que ya lo saquearon. No es extraño, a pesar de todo, ya que se trata de “amigos”. Si este despropósito se cumple, tendremos a la vista un nuevo gran affaire, tan grande como el de 1998 o más. ¡Pobre pueblo!

 

Los diputados, que próximamente tratarán este proyecto de ley, deben rechazarlo de plano, o se convertirán en cómplices de un nuevo despojo salvaje al erario, es decir, al pueblo.

 

 

 

Fuente: http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/podran-robar-al-mismo-banco-dos-veces-585209.html

 

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